lunes, 7 de abril de 2014

Reyes Magos




"Cuando el Cordero abrió el cuarto sello, oí al cuarto de los Seres Vivientes que decía: "Ven". Y vi aparecer un caballo amarillo. Su jinete se llamaba "Muerte", y el Abismo de la muerte lo seguía. Y recibió poder sobre la cuarta parte de la tierra, para matar por medio de la espada, del hambre, de la peste y de las fieras salvajes.” (Apocalipsis 6, 7-8)

Errantes y espectrales soberanos 
Orientales desterrados al espanto
Condenados
A vagar eternamente 
A cargar la culpa de los siglos
                            de arrastrar
                 la muerte de los niños inocentes
                 la tarde cárdena que vio reptar
                 al gusano blando que alambica galerías
                 en la cúpula incensada de la Arcadia
                 o madeja enmarañada de rencores

Y el mensaje impronunciable en la blasfemia
                 de un Dios por el Diablo
                 la mano del ángel convertida en garra
                 en su pequeñez tentado

Todo esto te daré si te postras
                                                 y el desierto
Impregnando de infinito los mantos
Regios los bordados y brocados que crepitan
Ciegos y corruptos en los laberintos
Blancos abrasados de la arena
                                                que Alá soñó en sueño de Borges

Y era el oro esperando en sus palacios
Un mosaico único
Manantial de teselas en Murano
                                                o glorias del pincel de Veronese
                                                sotto in sú pero ya en vano
Penélopes con beatífico perfil de mantis o de amantes
Trágicos diamantes angulosos
En un telar de ausencias
Como el ámbar en los labios de las ninfas sumergidas del soneto
Tejiendo mientras cantan y destejen
Los sudarios en su Tajo del descanso
Esperando amortajar el cuerpo amado
Pero están
Las lámparas votivas apagadas y el altar
Y sólo queda viento en los exvotos negros
Argentinos o de mirra perfumados
Con el hedor acre de la muerte

Retumbará ese día Colonia como un eco
Del mar lejano en gélida venganza consumida
De goznes quejumbrosos en las puertas
Abiertas y pesadas de la catedral deshecha
La lluvia de pináculos como lanzas arrancadas
Furiosas del metálico zumbido de aguijones
Del enjambre de los tábanos sobre el túmulo
Que aguarda el sacrificio de la sangre

Será entonces si el Cordero dulcemente
Recostado bala su tronar de fuegos
En la cúspide decrépita de las cresterías de piedra
Y quebrante en el cimborrio el cuarto sello
Y vuelva entonces a brillar sólo un instante
La estrella celeste primitiva guía
Fugaz de nuevo a los jinetes
Magos sabios condenados
En corceles amarillos

                Cuatro

A vagar en infinitas madrugadas
De dolor en el helado enero
Por no haber sabido
Guardar con ellos el secreto

--MMM--

Imagen: "Los cuatro jinetes del Apocalipsis", grabado de Jean LeClerc (1587-1633)