viernes, 29 de agosto de 2014

New Deal



                                                       Besos que fueron inolvidables
                                                        (ya no lo son)
                                                                        Silvio Fernández Melgarejo

                                                       ni pena, ni fiebre, ni sombra
                                                                        Cesare Pavese


ardía el Náutico cada verano
en el declive de sus noches últimas
de agosto despedido con antorchas
y hogueras en el aquelarre snob
de falsas mechas rubias y mentiras
en cuerpos bronceados por el dolce
far niente de tocarse junto al mar
la polla en el desfile convertido
en una pasarela el pantalán
quali colombe dal disio chiamate

un circo cursi circular de curvas
de gente impúdica cacareando
su insultante belleza su insufrible
aspecto juvenil y deportivo
fruto de miles de horas en el gym
o pagados a golpe de tarjeta
en clínicas asépticas de estética
e impoluto albornoz de rizo blanco
cal para blanquear tanto sepulcro

pero ella se empeñaba cada agosto
en que la acompañara aunque ya todos
sabían que lo nuestro se iba a pique
y que estaba quemado de escuchar
cómo habían perfeccionado el swing
o algo de eso en el puto putting green
o cuánto disfrutaban del wakeboard
y tener que fingir que me importaban
amistades de siempre que en verdad
nunca lo habían sido y me sentía
un chimpancé en un palco de La Scala
ocupado en pelársela a dos manos
mientras se escucha un aria de I Pagliacci

solo como un reclamo la certeza
de al menos acabar aquella noche
con la tía más puta y que además
un día se llevó y así es la vida
prendido sobre el pecho mi primer
poema y algo más que mejor callo
por no evocar entre sus largas piernas
el origen de tantos otros lodos

y ahora no ha pasado un año y siento
como en aquellos versos sobre un sueño
de Wordsworth y que tanto nos gustaban
que el tiempo se ha escapado como arena
o grava sobre el pecho grave y cae
sobre latas vacías de cerveza
cajas de pizza y ceniceros llenos
de colillas tatuadas de carmín
de labios de mujeres que han pasado
dejando apenas un regusto amargo
en un intento vano de aplazar
la decisión de cómo salir de esto

y sé que tengo que intentar dejar
la mierda del alcohol y de las putas
pero me temo que será mañana
porque no estoy para pensar ahora

lo que nadie me negará es que a veces
la vida cambia
                        para mejor

--MMM--

Fotografía:  © Garry Winogrand