lunes, 2 de marzo de 2015

Domingo de pesca




Desde allí miré el mar, y el cielo, y
las gaviotas revoloteando sobre la blanca playa
Raymond Carver

¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime! 
Miguel de Unamuno



Frente al pantalán del puerto
En la escollera
Bloques rectilíneos de hormigón
Grises y afilados entre cañas
Negras algas tejen blandas
Guirnaldas al romper de espuma blanca
Olas de sudario en su batir
Restos de un cuerpo que esta noche
Ha devuelto la marea con sus despojos

Es un cuerpo sin nombre
Un hombre hinchado
De ojos empañados que una vez
Preparó con cuidado
Tarjetas de felicitación
Y sintió el abrazo de un amigo
Y eso ya
               justificaría haber vivido
Y en la frente el beso de su padre
Y eyaculó sobre una mano y la limpió
En una colcha de dibujos infantiles
Que aún retiene el eco de canciones
Y sudó y fue cruel y tuvo sueños
Y esperanzas e intentó ser fuerte
Y calmar en una fuente la terrible
Sed de infinitos y desiertos
Que no iba a recorrer nunca

Ese cuerpo fue de un hombre
Que fue amado y amó y se estremeció
Al sentir el tacto de unos labios de mujer
Sobre el sexo adolescente
                                            la húmeda lengua
Como un veneno en la fiebre de los cuerpos
En la emoción de un verso recitado en clase
Y sintió como un metal incandescente
La daga de la traición
Y pensó que ya era tarde
Y un alambre de espinos lo envolvió
En un derrumbe presentido
En la coda sin sentido de la nada
Que fue anegando sus días

Ese cuerpo que temió el dolor y ahora
Arremolina miembros rotos y curiosos que bostezan
Ante su horror desnudo y van dejando
Huellas amables en la arena que otra noche
Sostendrá el peso de otros cuerpos que se funden
Un cuerpo solo
Cáscara de decepción en la mañana
Clara y limpia del domingo
No siente ya el temor que lo asolaba
Ni la suave caricia del sol de primavera
Ni temblará cuando las tardes
Declinen en verano con su brillo ahogado de oro viejo
Y la noche martillee con una procesión de nombres
Un salmo sin respuesta en el dolor de las ausencias
Y clave en los insomnes astilladas
                                                       uñas de soledad

Ese hombre
Reflotado en pesadillas por un niño
Podría ser yo
Cualquiera
                  pero yo
Aún estoy vivo
Y sigo escuchando el mar

--MMM--
Fotografía: © Hernán Díaz. Estudio para “El ahogado más hermoso del mundo”.