jueves, 23 de abril de 2015

Denisse




El burdel abre sus puertas encendidas
José María Álvarez

Y si quieres yo te quiero
pero págame primero
Radio Futura



Por las noches la ciudad
                                       es ahora
Un turbio lupanar violento
Con enjambres que tiritan falsedades
Bajo la luz eléctrica del neón
Las convulsas esperanzas en la puerta
Para combatir la angustia o el Babel
Tropel ciego de huecos en la boca
Y deshabitar el desaliento de una vida
                                                              fracasada
De un cuarto alquilado y la hipoteca
De una casa perdida por convenio
Del frío
           cristalizado en la niebla de los huesos que se escarchan
En el sudor de la fiebre
O en el desamparo de las noches
En hoteles
En los coches que se arropan a distancia
En desiertos descampados
                                           de asientos traseros
                                                                             abatidos

Solo beber mucho otra vez
Otra vez perder la cuenta
Vodka o whisky
Necesitarlo como una palabra amable
Y es la última verdad pero solo
Para calmar el inmenso dolor
Que oprime como tenazas
Los ojos desde dentro o arrancarlos
Como un payaso insomne que declina
Las palabras de los casos que detesta

El pelo sucio del sudor y despeinado
La barba salpicada ya de canas
Sin saber a cuento de qué pero acordarse
Porque ha habido demasiadas
Y no todas fueron furcias
Pero todas al final en qué han quedado
De ella que le acarició la cara imberbe
Y recorrió sus labios con las yemas
De los dedos y lo miró a los ojos
Hasta cerrárselos con su luz verde
Como si ya lo conociera
Sin recordar su nombre ahora
Denisse o Janisbel
Y creo que estuvo enamorado
                                                mucho
Un segundo al menos cuando ella
Le pasó los dedos por la nuca
El pelo corto
Y le guio la torpe mano
                                       hasta el pétalo encarnado de su sexo
O le clavó las uñas en los hombros
Y lo miró con la inocencia de una niña
Que ahoga un jilguero contra el pecho
                                                            o arranca el ala
De una mariposa y traza luego
                                                 su epitafio azul
Con el polvo iridiscente de los dedos

Y bromeaba con su lengua
                                          que  era rueda entre las piernas
Pero en el fondo
Era altiva e insolente
Y nunca estuvo más enamorado
Si es que alguna vez aquel agosto
Que se diluyó enseguida entre los libros
Los apuntes de Semiótica
                                          entre niñas
Pijas del Náutico sedientas
De una seminal Semiología

Y es triste pero un día que fue alegre
Regresó a su casa con sus hijos
Tres o cuatro todos machos
                                            según ella
Y siempre hablaba al desnudarse
De su marido que era viejo y de su vieja
Que querían creer que estaba
Limpiando en un hotel cualquiera de la costa
O en la cocina o que cosía
Los arreglos para un Zara
Pero no era
                    como las yonquis que se ofrecen
Temblando siempre por el frío de mil pesetas
                                                                         al final del muelle
Con los dientes picados y las sílabas
Arrastradas por la arena o las agujas
Ni era puta
                   como las niñas de papá
Que bebían martini en las terrazas
Blancas como sepulcros de piel bronceada

Les sonreirá quizás a ellos
                                           ahora
Con la mirada líquida del rímel
De haber llorado o reído
Y los labios rojos siempre
Nicole de pies pequeños
Y serán caricias sus palabras
Como lo fueron siempre antes
Que se sentaba en sus piernas
Y recorría las costillas con los dedos
Macillos finos de xilófono
                                          para tocar
La rutina del recuento
Por si faltaba alguna o rezando
Su lejana letanía de atardeceres y palmeras
En jadeos que eran rosas de voz en sus espinas

Ir a verla con excusas otra vez
O me pagas o no hay más
O muy pronto pero siempre
Cuando la brisa del mar ya había barrido
El calor pegajoso de la siesta
La tristeza y las moscas
Posadas en las cucharillas del café
O en la huella de los labios de las tazas

Tardes para escribir algo
Sin saberse aún mediocre en veladores
Que bullían de veraneantes y turistas gordas
                                                                        de beber sangría
Y sólo quieren
                         sexo por la noche
                                                       o ver el mar
La escollera refulgente por la espuma de las olas
Tras un cartel de helados Frigo o el resumen
De la infancia muerta en los colores vivos
De su alegre mercancía de nombres
Y miembros rosas amputados

Como la Venus milena que guardaba desmembrada
Quizás siga
La fuente veteada que centraba el patio
Y eran blancas las paredes y los muros
Altos encalados y escalados
De hiedra oscura y buganvillas
Y una jaima blanca y negra arlequinada
Cubría el patio en la penumbra de macetas
Y sólo una ventana con su densa
Celosía de encaje tras las rejas
Del azul de Chauen a la calle
Con su voz de niños
Como un faro
                       sobre tejas
El remate calado de una chimenea
Portuguesa en sus dibujos y barroca
                                                          como el breve
Paño de azulejos que anunciaba
                                                    añil y blanco
En el postigo grueso y el portillo
La Promesa y un fanal pequeño
Donde de noche en el dintel
Titilaba la luz roja del misterio
De aquel sagrario que esperaba
Su nocturna adoración

Y éramos tan jóvenes entonces
Que no éramos conscientes pero ya
Una jauría de olvidos nos seguía
El rastro para devorar los años
Como draga de recuerdos y cebar
De nuevo el hambre
De crepúsculos en versos de Pavese
Y ahora dudo incluso si la quise
De verdad y ni siquiera
Sé si fue su nombre
Nicole Denisse o Janisbel


--MMM--

[Este poema fue publicado por primera vez en el número 3 de la revista "Estación Poesía" (CICUS, Sevilla 2015)]

Imagen: "Bad boy", de © Eric Fischl