lunes, 29 de junio de 2015

Grandes esperanzas




Tú sacaste del polvo corazones de hombres
Ezra Pound

No es que yo esté en la
Otra Orilla del Río, ya me entiendes
Lew Welch

Espero que
cuando yo esté muerto
comprendáis
Charles Bukowski



Allen Ginsberg se está muriendo
leyó Lawrence Ferlinghetti en su funeral
y América lloraba con razón
porque un hombre puede seguir muriendo
y no hablo de agonías porque un muerto
puede estarlo y no saberlo o sospecharlo
que al final de un día es lo mismo
la eternidad
de un sábado al caer la tarde
si estás solo y sin dinero
familias en el centro comercial
tipos que aprovechan que han dejado
a sus niños en las bolas para ligarse
al camarero al que doblan
la edad
y al que no les importaría partirle el caca
el carrito de hot dogs justo en la puerta
parejas de la mano por el parque o sin rubor
follando sobre el césped en cualquier parte
sin saber a dónde ir
eso encabrona 
y beber
una vez más
no es suficiente

es jodido dormir en el coche o en una pensión
de mala muerte
eso está claro
compartiendo habitación con otro imbécil
desgraciado no me dejan ver a mi hija
y es peor
que el olor a pedos de un borracho
los ronquidos atronando tu cabeza como un gong
las pausas llenas de silencio
te decía
que es peor
no tener dónde cagar salvo que seas
un puto perro

las ciudades no están hechas para eso
te pueden ver follando en mitad del parque
no pasa nada
comiendo corriendo durmiendo
si no es de noche
entonces no
cerdo borracho
y no pasa nada
delante de unas niñas en la playa
con el bolo al aire y acercarte
a pedir fuego
nada
pero no pidas la llave en la gasolinera o en el bar
las malas caras siempre
qué casualidad están limpiando
y encontrarte un cartel de averiado
así es como entienden algunos
la caridad

con el gris plomizo de diciembre
quizás la tarde más fría
al derramarse el cáliz
el frío clavado que conserva
los recuerdos sobre todo
los malos recuerdos con grapas
un frío redondo en los huesos
un frío de golpes inyectado
con bimba de bicicleta en los riñones
pesa y duele y purifica
el aire viciado al abrir la puerta
el corazón latiendo como quien huye al cerrar
la sensación de alivio
de haber dejado atrás un muerto
a un familiar querido
en el cementerio

un piso bajo y oscuro
cómo puede quemar esa humedad
que mancha la pared agarra y pinza
las vértebras y escuece
la miseria la vergüenza
las palabras sobre todo las palabras
un lamento que sigues escuchando
y es tu voz
la letanía
la flor de un cardo
que se inflama y seca el pecho
y estás solo y la penumbra
el dolor ciego que afligió a Leopardi
los ojos apagados
aquella luz
dónde
las risas
la televisión
de los vecinos
la vida que tú
no tendrás nunca

un portazo seco una sentencia
un tañido de campana dobla
la claqueta del aquí
empieza todo
o es el último ladrillo que cierra el nicho
toc toc con el palustre al arrastrar
el olor del cemento fresco y un hedor
acre a cañería y a tumba

una ridícula bombilla ahorcada
dos bombillas tres con la del baño
mejor que vayas olvidando lo que fuiste
la has cagado y eso ya
no tiene arreglo

un frigorífico viejo
la lavadora y un espejo
sobre el lavabo el tiempo
que se pega viscoso a las paredes
huellas de tristeza acumulada
de vidas que pasaron como tú o que se fueron
por el desagüe
a quién le importa
la roña de otros inquilinos
el último según dijo el casero
perdió el trabajo y después
perdió a su madre
y también perdió se ve
los pelos de los huevos
según estaba el suelo
alrededor del váter

y sentado en ese váter aterido
la luz eléctrica de una farola
entrando anaranjada
los pisos las ventanas
iluminadas ropas de niños
una sábana blanca y enorme
luna creciente
al ver las horas de fiebre
lentos los caballos de la noche
las estrellas licüadas titilando
tiritando la humedad las hojas secas
del otoño sin barrer las hojas secas
el más sombrío y triste
páramo de eternas
sombras o algo así
un océano de hastío
insectos muertos cucarachas
encogidas
las últimas luces
los cristales sucios sin cortinas
a quién no le entrarían
ganas de llorar
y no pudiste
esperar que allí
cambiase nada

no vale la pena empezar de nuevo
quédate firme frente a la ventana
cantó Kavafis y escucha
con emoción y no te quejes

y tenías ganas de beber
de emborracharte
y encendiste un cigarrillo
las palabras las palabras
insistentes como brasa
como un metal
del yerro el hierro de un soneto
del Conde de Villamediana
por el cortante filo en las entrañas
purificado

y gastaste el dinero que tenías
la casa helada
solo
esa voz
más clara
hazlo
y ten cojones
ni tus hijos
nadie
y estás solo
y para qué
mañana
o mejor hoy
después de echar un polvo

y la llamaste y era
una puta como tantas
qué más da
una puta solo tiene
que sonreír
para eso cobra
que te mire y te sonría
algunas ni eso
y te tratan peor
que a un animal

en el suelo helado hirviendo
el vaho como los perros
el aliento y el sudor
la vida en su cuerpo
un verso de Novalis
se limpió luego la mano
con un pañuelo de papel
y sonrió

y no tuve tiempo
de decirle que en mi pecho
se ahoga un corazón
la última esperanza
de salvar la vida
qué gilipollas
estando muerto


--MMM--

Imagen: "Gálata moribundo", copia romana en mármol de una obra helenística del siglo III a C. Museos Capitolinos, Roma.