sábado, 16 de abril de 2016

Santa Catalina, 1956





























Siempre que veo alguna foto antigua de Sevilla, te busco; como si de un ¿Dónde está Wally? fantasmagórico se tratase. Sé que pasabas casi a diario por allí, camino del mercado, así que esta vez espero tener suerte. Pero ningún rostro, ninguna silueta pasa la prueba. Dime, ¿dónde estabas aquella tarde? 

            Tal vez fue cuestión de segundos que no te cruzaras con el autor de la imagen. Tal vez estabas, como ahora, fuera de los límites del marco.

            No veo la diferencia entre esta foto y un cementerio. Y me vienen a la mente los de siempre: Manrique y Machado (Antonio, en este caso), ya saben: esos ríos hasta arriba de fosfatos que van a dar a la mar, a un mar en el que es imposible trazar una puta estela sin traerte puesto un ecologista o un delfín muerto.

            Observo esa ventana abierta a 1956 tan fijamente que temo caer por ella.

            ¿Dónde...?


     Tumbada en los adoquines, detrás del edificio que, a la izquierda, hace esquina. Ahí, aguardándome, al fin te veo.