sábado, 6 de agosto de 2016

La Gorda


por la muñeca me priso,
tuve que hacer cuanto quiso
Juan Ruiz, Arcipreste de Hita

que es igual que la Venus de tus sueños
Luis Alberto de Cuenca
I

Cualquier tiempo pasado fue mejor,
o eso dice Manrique en una copla,
desde el dolor que causa recordarlo,
y no voy a ser yo quien lo discuta.

Quizás por eso es siempre preferible
dejar de remojar la magdalena
o el churro en cualquier parte y evitar
pensar de nuevo en ella, aquella noche

de un cielo recorrido por perseidas,
nereidas en un mar de crestas blancas,
o así es como la guarda mi memoria.
¡Dame, Caliope, voz para contarla!

II 

La Gorda era la hermana del Canijo,
aunque él en realidad pesaba más,
por eso, sobre todo a sus espaldas,
solíamos llamarlo el Puto Gordo.

Entonces era novia del Cabeza,
un chulo gilipollas madrileño
que no se la tiró, según nos dijo,
no sé por qué razón, ni preguntamos.

El Gordo era mi amigo y me gustaba,
no él sino su hermana, aunque tenían
los dos la cara igual y recogido
los dos el pelo rubio en una cola.

III 

A él le molestaba que, de coña,
le diésemos por culo, es un decir,
porque éramos, es cierto, unos cabrones,
tocándole las tetas en la playa.

El caso es que una noche y fue en las dunas,
después de haber bebido como siempre,
la Gorda se acercó para decirme
que si la acompañaba a por un hielo.

Su hermano era su sombra pero el hombre
triunfó como Los Chichos con las guiris
que estaban de intercambio y se empeñaron
en que alguien les tocara la guitarra.

IV 

Costaba andar sobre la arena seca,
y nos sentamos juntos a escuchar
la música que el viento iba trayendo
del chiringuito abierto junto al cámping.

Entonces me cogió del antebrazo,
y me miró a los ojos como oveja
que espera a su pastor, o a su cayado,
y me acercó los morros, degollada.

Arder como la vela y consumirse,
o eso decía Lope en su soneto,
oír la dulce voz de una sirena,
o un fiero manatí, en este caso.

V

Ahora se me llena si la nombro,
la boca desbordada en carne rosa,
y un peso sobre el pecho al recordarla,
desnuda, tan follable y tan redonda:

un Panteón de Agripa consagrado
para una sola Venus primitiva
con cara de su hermano, y qué importaba,
si yo cerré los ojos al besarla.

Y se sentó a horcajadas sobre mí,
y me besaba el cuello y me faltaba
el aire al respirar, y no sabía
si estaba dentro o fuera, y fue un momento.

VI

Después me pareció que era oportuno
fumarnos un cigarro que apagó
antes de levantarse y sacudirse
la arena de la ropa y las sandalias.

"Mejor quédate aquí, tardo un segundo,
y traigo priva. Dime qué te pido,
o le pregunto al Negro si le queda
del costo que pillaron del Lolita."

Y vi que se alejaba impresionante,
como una Virgen en Semana Santa,
un astro refulgente, toda culo,
bajo un palio de estrellas, un cometa.

--MMM--