lunes, 17 de octubre de 2016

Despecho



Uno de esos días 
En los que pongo tu nombre
A un tifón de género dudoso
O lo uso como lexema
De exabruptos procaces
De enfermedades venéreas

Sólo porque no me dejaste
Pronunciarlo en tu cuello aquella noche
Bautizar con él 
                  y con qué alegría lo hubiese hecho
El mejor error de mi vida


B. Vargas

domingo, 9 de octubre de 2016

La visita


septiembre iba acabando y el calor
seguía allí agarrado sin marcharse
creando la ilusión de un falso agosto

apenas sin comer bebiendo mucho
llevaba varios días en la cama
tan solo levantándome a mear

estaba de bajona como siempre
y sin tener motivos o eran muchos
tomándome pastillas para todo

a veces el sudor me despertaba
un ruido o en la calle algunos gritos
la luz como amenaza de la vida

pensé no abrir la puerta al verte fuera
dejar que te cansaras de llamar
y que quizás creyeras que no estaba

después de tantos días en silencio
con un bozal de plomo y la resaca
creo que apenas pude saludarte

no he ido a trabajar y he estado enfermo
pero ya voy mejor te dije solo
quizás algo cansado y te mentía

después tú me dijiste que una ducha
no me vendría mal y que tú mientras
ibas a preparar la cafetera

podrías contagiarte y es mejor
que vuelvas otro día y contestaste
solo la soledad es contagiosa

me estabas ya tocando los cojones
o puede que quisiera echarte un polvo
lo cierto es que me estaba enamorando

ahora me arrepiento de lo que hice
ponerte de patitas en la calle
lanzarte el bolso desde la ventana

por eso es muy probable que no vuelvas
quizás es lo mejor pero comprende
lo triste que es vivir estando muerto

--MMM--

lunes, 3 de octubre de 2016

Cuestión de medida


cabe la juventud en el perfil
de la huella enamorada y pequeña
de otros pies perdidos junto a los tuyos
hendiendo para siempre y para nada
aire y arena

las frustraciones de una vida
caben en una barra
de labios color carmín
en la tapa de un tupper
que no se encuentra

el miedo más primario
en el silencio entre tono y tono
del timbre de un teléfono
que no suena

y todos los amaneceres caben
en esa rendija que se ilumina
              cuando vuelves a casa
debajo de la puerta